Aunque comencemos el nuevo año sin plantearnos el dicho popular de «año nuevo, vida nueva», solemos sufrir un pico de ansiedad y motivación al programarnos una larga lista de deseos y objetivos para cumplir durante el año, que se suman a los que se nos vienen acumulando en la lista de «incumplidos» de año anterior.

Como la posibilidad de alcanzar metas es una esperanza que ilusiona pero también un desafío que atemoriza, porque nadie nos puede garantizar que el año que comienza será mejor, ni más fácil, conviene tener en cuenta estas claves para no perder nuestro enfoque:

  • Proponerse metas concretas, posibles y a corto plazo. Una vez alcanzadas se puede avanzar, siempre en pasos cortos, para afianzar lo logrado y sentirnos mejor.
  • Evaluar, sinceramente, el esfuerzo necesario para conseguirlo y si tenemos la voluntad de hacerlo y sostenerlo en el tiempo, analizar los recursos y habilidades con que contamos, y qué debemos aprender o conseguir.
  • Tratar de visualizar la meta y sus beneficios para poder sostener el desafío.
  • Tener la flexibilidad para adaptarse a los cambios u otras posibilidades o alternativas, que se abren en el camino, que tal vez sea un poco más largo de lo previsto.
  • Tener confianza en uno mismo, además de compromiso y sinceridad al establecer las prioridades, para seguir actuando sin detenernos ante el primer escollo.
  • Saber delegar tareas y aceptar la colaboración de quienes puedan ayudarnos.