El trato y la forma de cómo nos relacionamos con los demás son como un espejo, nos devuelve lo que le ofrecemos. Siempre hay excepciones, ya que las relaciones con las personas no siempre son fáciles y no todo el mundo responde de la mejor manera. 

Una vez salvada esta premisa, cuando nos dirigimos a una persona, somos amables y educados, la respuesta, casi siempre, suele ser de igual forma, nos contesta de forma cortés y educadamente.

Es evidente que dar a conocer las normas sociales para una mejor convivencia y los hábitos aprendidos en la infancia, perfilan en gran medida el comportamiento del adulto. Ya lo decía Pitágoras “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.

Cuando utilizamos unas normas de comportamiento adecuadas y establecemos unos parámetros convenientes de trato, nuestras relaciones son positivas y somos mejor aceptados en la sociedad en la que nos relacionamos.

La cortesía y la buena educación reflejan la calidad de una persona y transmite una imagen positiva y cordial.

No siempre es fácil transmitir estos valores, ya que hay veces que el estrés, las urgencias, la acumulación de tareas o inconvenientes que surgen a lo largo del día, hacen que perdamos la compostura y las buenas formas en el trabajo o en nuestras relaciones, pero si tenemos buena voluntad y nos esforzamos, lo conseguiremos.

Ser cortés y educado es una buena inversión personal, cuesta poco, además de ayudarte a encontrar más personas que deseen relacionarse contigo y recibir más apoyo y colaboración.