No corren los años 30, no somos ni Cary Grant, ni Paul Newman ni Frank Sinatra. No nos afeitamos con navaja suiza ni almidonamos nuestros cuellos de camisa antes de salir de casa. Y Brummel no es nuestra primera opción a la hora de perfumar nuestra esencia. Pero no nos hace falta.

Y no vengo a romper ni con el clasicismo, ni con el purismo sartorial ni muchísimo menos. Vengo a reivindicar al nuevo hombre, y me parece además un día bastante propicio para hacerlo. El hombre del siglo XXI, el caballero de nuestros tiempos.

Erróneamente se vine asociando la elegancia, es decir, el estado más puro de estilismo y sofisticación masculina a los conceptos más clásicos, desfasados y obsoletos de la moda, los valores y las costumbres. Podemos aferrarnos al pasado cuanto deseemos y decirnos aquello de “Todo tiempo pasado fue mejor”, pero la verdad es que no estaremos asumiendo la evolución natural de los hechos.

Y con ello hoy quiero romper falsos mitos que ya, no se corresponden con nuestra realidad:

  1. La elegancia la aporta el traje.
  2. El elegante no nace se hace.
  3. Los hombres no se cuidan.
  4. Todos los hombres son iguales.

1. La elegancia la aporta el traje. Falso. 

La elegancia no es una moda ni un estilo invariable. No es tan sólo forma, de hecho es más bien función, es mesura, adecuamiento a un entorno contextual. Se puede ser elegante en pijama, en bañador y por encima de todo, en vaqueros. Hablar de elegancia es hablar de expresión, de ademanes, de gestos, de palabras. No es necesario portar ni traje ni un exceso de complementos para demostrarle al mundo tus aptitudes y tus actitudes frente a la vida. Lo importante, es saber ajustarse a cada momento, lugar y circunstancia. Ahí reside la clave de la elegancia.

2. El elegante no nace, se hace.

Este debate lleva abierto una infinidad de tiempo inmensurable. ¿Es realmente un don natural o es posible aprender a ser elegante? Para ser totalmente honesto, la elegancia requiere de predisposición y la predisposición requiere de algo innato llamado voluntad. Es posible llegar a aprender a vestir bien siguiendo el consejo de los mejores, pero hay algo que es imposible de adquirir a través del aprendizaje. El estilo. Y sin él, se puede crear a un ejército uniformado correctamente siguiendo las normas del vestir, pero sin estilo la elegancia no brillará por si sola.

3. Los hombres no se cuidan. Falso.

Quizá de los cuatro mitos este empieza a ser el más evidente. Al hombre de hoy le preocupa su aspecto, le gusta seducir y le gusta sentirse bien con su cuerpo. No es únicamente una herramienta de atracción física lo que nos impulsa a ello, sino a sentirnos bien con nosotros mismos. Y atrás quedaron los cosméticos sólo para mujeres y los centros de estética exclusivamente femeninos. Las barberías ya son sitio de culto.

 4. Todos los hombres son iguales. Rotundamente falso.

Son años y años de lucha constante, generación tras generación discutiendo y debatiendo de padres a hijos lo que significa ser hombre. Y las conclusiones que extraigo son siempre las mismas. Sólo tres generaciones son suficientes para palpar el cambio incluso, dentro de una misma familia para averiguar que los hombres no sólo no somos iguales, ni perseguimos las mismas metas, sino que muy difícilmente encuentres a dos que sigan un mismo patrón. Los estereotipos masculinos, hoy en día, solo existen en los “memes”.