Las personas somos algo más que un aspecto físico, estamos dotados de una mente maravillosa y de unos valores que también se manifiestan en nuestra elegancia personal.

Mi buena amiga, Lola García, tiene una frase para definir la imagen de una persona que a mi me gusta mucho: “La imagen personal es como una foto, es todo lo que los demás ven de nosotros en una rápida y fugaz mirada”.

Conseguida la instantánea, comienza el juicio psicológico ¿Ofrece o no, confianza? Aunque parezca que esto es muy elaborado, la realidad es que cuando miramos a una persona, todo esto, sucede en cuestión de segundos.

Esto pasa porque asociamos la imagen de cada persona con ciertos juicios y valores predefinidos, de modo que el inconsciente crea una especie de filtro que nos hace receptivos a los datos que coinciden con esa imagen y rechazar a los que no responden a tal patrón.

Tener buena presencia consiste en ser y sentirse agradable a la vista de las personas que te rodean. Esto hará que te sientas más seguro, te ayudará a relacionarte con mayor facilidad, lo que redundará en gran medida en un mejor desarrollo personal, profesional y social. Una regla de oro para transmitir una buena imagen es: “Vestir de la manera adecuada a las circuntancias y el lugar, lo que permitirá estar a gusto y seguro con uno mismo”.

Yo sé, porque así me lo han comentado multitud de clientes, que el día que se visten con mis trajes: se sienten bien, elegantes y muy atractivos.

Por el simple hecho de vestir bien han conseguido potenciar su seguridad y su autoestima, esto hace que se sientan bien y preparados para enfrentarse a sus tareas diarias con mayor optimismo y energía.