Una cualidad que admiro de un hombre elegante es su sencillez. El detalle que llamó poderosamente mi atención de Antonio fue ese: la cercanía en su trato, la amabilidad y la destreza con las que este caballero es capaz  de moverse entre los alumnos de su escuela o los altos cargos y directivos de las empresas, sin olvidar la maestría con la que se relaciona en las instituciones públicas, sean del color político que sean.

Antonio Sánchez  es el actual Presidente de la Escuela Internacional de Gerencia. Consideraba importante dar a conocer los aspectos de la personalidad de Antonio, que es un hombre que cuida los detalles en su forma de vestir y en sus relaciones, y que compartiera con nosotros su particular visión sobre lo que un estilo propio aporta a la vida de un profesional.

Háblanos sobre ti ¿Cómo te definirías como persona? ¿Y cómo profesional?

No me gusta hablar de mí, creo que los demás tienen la capacidad de hacerlo mejor que yo, porque al fin y al cabo lo que cuenta es cómo te ven los demás. A lo largo del tiempo he descubierto que me encanta hacer cosas en beneficio de la sociedad en la que vivo y eso me produce una amplia satisfacción, especialmente en el entorno empresarial y como contribución a ello en la formación de personas para la empresa.

Cierto que me preocupa especialmente el medio ambiente y, tal vez, porque es donde desarrollo parte de mis aficiones, con deportes al aire libre como bicicleta de montaña, montañismo o esquí.

Como profesional trato constantemente de ver hacia dónde vamos, como sociedad empresarial y qué cambios debemos anticipar; es más fácil trabajar en el día a día si tienes una meta a la que ir. Me gusta descubrir oportunidades de mejora y acometerlas.

Teniendo en cuenta el cargo que representas en la Escuela ¿Crees que la forma en la que vistes influye en tus relaciones profesionales? ¿de qué forma?

En realidad no soy muy consciente de la influencia que pueda ejercer la forma en la que visto, pero es cierto que me gusta estar “presentable” dentro de los cánones aceptados en el mundo empresarial. “el hábito no hace al monje” dicen, pero sin el hábito de monje pareces otra cosa. Ahora bien, el hábito es sólo una parte que denota maneras, a las que añadimos nuestra cordialidad, buen trato, buenos modales, etc. Cuidar todos estos detalles complementa una personalidad que debe ir con cada uno de forma natural.

Desde EIG ¿Cómo se les enseña a potenciar la imagen personal a los futuros directivos?

Desde la libertad individual tratamos de exponer al alumno que esté de acuerdo a las circunstancias en las que desenvuelva su actividad profesional; seguramente o tendrá la misma imagen exterior quien gestiona una discoteca que quien trabaja en una entidad financiera o dirige una actividad agrícola; y así recomendamos a colaboradores y alumnos: estar de acuerdo al entorno en el que vives personal y profesionalmente.

Según tu criterio personal ¿cómo calificarías el interés de los profesionales por su imagen?

Como decía, respetando la libertad individual, creo que cada uno tiene su propio interés en relación con su propio estilo y el entorno en el que trabaja. Y en ese estilo, creo que los profesionales en general tienen un alto interés por cuidar su imagen.

¿Cómo definirías tu estilo?

Bueno soy bastante clásico, creo.

De esos detalles que te gusta cuidar, cuéntanos ¿cuál es el que más te gusta atender, por el que sientes más debilidad?

Personalmente me gusta estar limpio, como primer aspecto, y luego en el vestir clásico tienes la ventaja de que con pocas prendas te sientes bien; tal vez, tenga especial debilidad por las camisas y corbatas, a las que añado el traje para el momento o la chaqueta y pantalón (más sport) para el día a día. Cuido que aquello que me pongo me haga sentirme bien y, sin duda, me miro en el espejo hasta cerciorarme de que disfrutaré con la ropa que me he vestido y estaré cómodo con los zapatos de mis pies.

Vestirse no es ponerse un disfraz, es resaltar lo que piensas y sientes, lo que eres y cómo te manifiestas y, con ello, la expresión de tu personalidad, de tu forma de ser interior, a la vez que el respeto a unas formas que nos damos cuando vivimos en sociedad.