De una forma abierta, planificada y orquestada  o casi como un silencioso pacto, todas las empresas tienen sus propios códigos de vestimenta.

Siempre he oído, que una empresa es la prolongación de su dueño. Luego todo lo que podemos ver en este sentido, es la propia sombra de la política de cada empresaria o empresario.

Hay determinadas empresas, que por  sus características intrínsecas, no tienen contacto físico con sus clientes.  Ejemplo un proveedor determinado, el 95% de su relación con el cliente, suele ser  telefónico  o mail. Solo su representante en la zona o la visita del director comercial, nos generan una idea física, de cómo suele ser la empresa.

En determinados casos, personalmente me  he llevado tremendas decepciones, cuando he visitado físicamente a un proveedor idolatrado. Suciedad en las instalaciones, bocadillos sobre las mesas de trabajo,  higiene de algunas personas con las que mantenía conversaciones telefónicas y un largo etcétera de detalles, que prefiero no recordar. Mi visión sobre aquellos proveedores, nunca volverá a ser igual, no existe nada peor para una empresa, que  a un cliente se le caiga un mito.

Codigos de vestimenta

Por otro lado las empresas que tienen relación y contacto físico con sus clientes, no solo deben de tener un código de vestimenta, deberían de usar la forma de vestir, como herramienta de seducción hacia sus clientes.

Ejemplo real, en navidad me dirigí a una de esas mega cadenas de tiendas, donde venden moda para señora, a nivel internacional. Las señoritas, que supuestamente atendían a sus clientas, así como las cajeras, vestían cada una a su manera y según su criterio, supongo que con ropa del propio establecimiento. Para encontrar una talla concreta, moleste a tres clientas, convencido de que eran dependientas. Hasta en cuatro ocasiones, unas clientas me preguntaron al verme con traje y corbata,   si yo era de allí. Las conclusiones, las puedes sacar tu mismo.

Si estos mismos planteamientos, los dirigimos a pequeñitas o microempresas, el abismo se hace mayor aún. Ese pequeño negocio de la esquina o esa  céntrica tienda,  por lo general no suele cumplir en su inmensa mayoría, ni con protocolos, ni con códigos de vestimenta alguno.

Apelando a una mundialmente conocida frase: “Además de serlo, hay que parecerlo”.

Profundizaremos en los códigos del buen vestir en la empresa y su relación con los clientes.

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