A diferencia de esa  típica y característica  imagen  que  todos tenemos en mente sobre el aspecto de los ciudadanos de la antigua  Roma. No fué hasta el 300 A.C. cuando un  barbero de la isla de Sicilia hizo famosa la navaja de afeitar como herramienta de aseo personal. Los Romanos por entonces lucían  barbas y cabello largos.

Adriano

Durante los años en que el  Imperio Romano se encontraba en su máximo esplendor,  era una costumbre de elegancia popular para ornamentarse,  teñirse los cabellos en colores  rubio, negro o rojo y los más acaudalados los espolvoreaban con polvo  de oro.

Sus tinturas eran creadas a base de henna, cáscaras de nuez trituradas, y en algunos casos de sanguijuelas mezcladas con vinagre, que debían exponer al sol para lograr el color negro intenso.

A diferencia de las curiosidades y anécdotas de otras culturas como el Antiguo Egipto, Mesopotamia o la Antigua Grecia,   los ciudadanos de la República Romana cultivaban un estilo muy simple en sus vestiduras y cabellos que llevaban cortos y algo rizados usando para este menester tenazas calientes.

La calvicie de los hombres era vista como un grave defecto, por lo que utilizaban pelucas y coronas de laurel para cubrirlas u ocultarlas.

Augusto

Las coronas iban destinadas a  premios, confeccionándolas con elementos alusivos a una ocasión especifica,   flores silvestres de una ciudad sitiada por el enemigo  o en oro con la imagen de las torres de un castillo, que era entregada al primer soldado que escalaba la muralla en el ataque.

La primera afeitada de un hombre era un ritual religioso importante,  que se desarrollaba en una elaborada ceremonia frente a toda la familia, luego esos cabellos se guardaban en una caja especial consagrada a una deidad específica o bien se colgaban en lo que se denominaba capillaris arbor, el árbol capilar comunal.

¿Que detalle de esta época de la humanidad, te resulta mas curioso?