Posiblemente en España no haya un seguidor, y además convencido, del tirante para hombre, desde el punto de vista de la estética, como este servidor.

Recuerdo que cuando este complemento del vestuario del hombre estaba sumido en el más completo de los olvidos, para mí era de uso diario.

La colección de fotos familiares de mis 20 y 30 años, demuestran que esto es cierto.

Descubrí los tirantes cuando tenía 20 años. Un cliente, que no recuerdo ni el nombre, durante más de una hora me argumentó, con conocimiento de causa, toda la magia que genera un hombre perfectamente acompañado de tirantes, sin necesidad de ser un Lord inglés.

El caso es que en aquel momento de juventud aquella idea me sedujo. Casi 25 años después, soy uno de sus más profundos amantes.

Tan diferente es,  que muchos hombres que a diario visten de traje, no se atreven a dar el paso de usarlo porque saben que marcarán una gran diferencia con sus compañeros, o quizás peor, con sus propios jefes.  Es de esos complementos de caballero que tiene una personalidad tan fuerte y acusada, que es incapaz de dejar indiferente a nadie.

Personalmente, sólo lo recomiendo para ser usado con traje y corbata. Fuera de este estilo concreto pasaríamos a look más radicales, acompañándolo con pantalones vaqueros o de algodón, creando un estilo más cuidado dentro de la propia informalidad.

En prendas de gala y ceremonia es casi de uso obligatorio. En fechas navideñas es normal ver hombres vestidos de esmoquin, con fajín, luciendo cinturón, demostrando ausencia total de conocimiento de este detalle. Más radical y triste se hace, cuando en esta prenda en concreto, ni se usa fajín ni chaleco, pero si se luce hebilla.

Tanto en el chaqué, como en el frac, como en el traje clásico de ceremonia, es necesario para que la camisa no termine asomando por debajo del chaleco, considero que eso no es lo correcto. Haber estado preparando un atuendo especial durante horas, para que  finalmente quede estropeado por desconocimiento de que un tirante tiene otras funciones, al margen de la puramente estética. Los pantalones genuinos y originales de cada una de las prendas de gala y ceremonia nunca han tenido pasantes para el cinturón, dato que siempre es bueno  tener presente.

Atreverse a usarlo, si nuestro ambiente de trabajo así lo propicia, es sinónimo de madurez en el vestir, de buen gusto, de hombre cuidado de detalles y sobre todo de saber salir de lo convencional.

Es una apuesta firme, una vez pasado el rubor de los primeros días sabiéndose centro de atención. Por lo general y cuando se usa termina siendo una parte vital dentro de nuestro armario.

Es junto a los gemelos y el pañuelo de bolsillo para hombre, un complemento que no es necesario combinarlo con la camisa, la corbata o los zapatos, impera sobre todo el gusto personal.

Existen muchos estilos y los podemos usar con rombos azules o grises. Es perfecto con pequeños topos, bandas anchas grises o negras, damero o pequeños cuadros en relieve marengo, marino o negro, extremadamente elegante, con líneas discontinuas en granate o marino, y sofisticado cuando el labrado o Jacquard se convierte en zigzag.

Atrévete a regalarlo, sobre todo si va dirigido a un hombre que sabe apreciar la esencia de la elegancia.

Para concluir, quiero dejarte este vídeo, donde te explico qué argumentos tengo siempre en mente cuando me toca seleccionar unos buenos tirantes: