Hace algunos años que la palabra “vintage” comenzó a circular, no sólo en el mundo de la moda, su influencia también impregnó a la decoración, a la joyería y otros sectores que se nutren por el concepto de la renovación continua.

Tras reiteradas consultas sobre este aspecto, me he decidido a escribir este post, sobre todo, con la intención de  aclarar de forma muy rápida, cómo se sostiene este concepto, que tanto éxito ha conquistado, y según mi criterio, lo que aún puede llegar a consolidarse.

Básicamente consiste en tomar ropa, joyas, objetos o muebles antiguos y mezclarlos a su vez con estilos contrapuestos, muy modernos, vanguardistas o con una fuerte carga de diseño. Como es normal tiene algunos límites, aquí no vale todo.

Las prendas, joyas, muebles u objetos deben de ser piezas de gran calidad, de un importante valor o de firmas de reconocido prestigio. No se ve correcto buscar cualquier cosa ni tirar del armario de padres y abuelos.

Actores y famosos, prácticamente desde 2006, han hecho alarde de esta tendencia, luciendo prendas impresionantes, algunas casi de museo, muy exclusivas, tanto por su valor económico, como por quien fue cosida.

Durante 2009 grandes marcas como Paul Smith, Kenzo, Christian Lacroix Homme o Desigual, hicieron su particular apuesta por este estilo tan especial, y el pasado año, incluso firmas dedicadas a la ceremonia, hicieron su particular visión del estilo vintage.

Es un estilo que tiene mi simpatía, aunque de igual forma tenemos que tener muy en cuenta que es un concepto complicado de mantener. La dificultad puede acentuarse aún más cuando uno no tiene definido un estilo propio y muy personal.

Apostar por el Vintage en ocasiones concretas, tratar de combinar abrigos, americanas, gemelos, pisa corbatas, esmoquin o chaqué, puede causar el impacto contrario, incluso podemos quedar hasta cierto punto fuera de lugar.

Es muy importante que estilos tan marcados siempre vengan recomendados por expertos en la materia, cuando menos te garantizas el éxito.