Hay pocos seres humanos que estén dotados de caras fotogénicas y en su mayoría son mujeres.

La cámara destaca lo bueno y disimula lo malo, sobre todo en aquellas personas fotogénicas, y otra gente que pensamos qué lo es realmente, ha aprendido a posar o manipular con elegancia la toma de su foto.

Antes de comenzar hablaremos directamente sobre las expectativas. Lo acertado debería ser tratar de mostrar tu mejor imagen dentro de lo posible.

Una sonrisa auténtica comienza en la boca y produce un movimiento en toda la cara, que expresa a través de los ojos, nuestros sentimientos a la lente. Si no tienes motivo para reír o sonreír cuando te apuntan con una cámara fotográfica tu sonrisa resultará congelada. Debes mirar fotos anteriores y determinar cuál sonrisa funciona mejor y aprender a imitar la sonrisa recordando el contexto, para poder reproducirla cuando aparezca una cámara.

Conviene evitar la luz directa, especialmente la del sol, ya que te forzará los gestos y posturas. Te hará fruncir los ojos evitando un buen gesto y puede obligarte también a hundir tu cabeza haciendo marcar un segundo mentón.

Consulta y recuerda que aunque sea tu cara, tu barba y tu cabeza, siempre existe un perfil bueno, y puede que no seas tú la persona más calificada para determinar cuál es tu mejor lado.

Finalmente, después de escoger tu gesto más agradable, tu mejor perfil, evita la luz directa y asegúrate una mirada indirecta a la cámara. Para ello puedes emplear el viejo truco de parpadear justo antes del clic. Eso te asegura no solo que no te tome parpadeando, sino que también permite que tus ojos estén alerta y comunicativos cuando la cámara toma la foto.