Lucir corbatas como complemento de moda esencial para la elegancia del hombre, se remonta al siglo XVII, según se puede ver en una muestra que se ha preparado sobre el mundo de la corbata,»Nodi italiani en Corbatas con Historia», que está recorriendo el mundo.

Parece que Luis XIV, el Rey Sol, las incorporó en su vestuario, inspirándose en los pañuelos anudados al cuello que llevaban los soldados croatas con su uniforme.

Así fue que la corbata, se convirtió en moda cortesana y se fue extendiendo por toda Europa, tomando una forma distinta según la época, hasta convertirse en el detalle de la elegancia masculina.

Allá por 1828, apareció un tratado sobre el tema, «El arte de anudar las corbatas», escrito por H. Le Blanc, con ilustraciones explicativas sobre cómo realizar los nudos, con las corbatas de esa época.

La corbata actual, fue diseñada por el corbatero americano Jesse Langdorsf, en 1925, con tres segmentos de tejido cortados en forma oblicua, logrando la globalización de ese formato.

Desde entonces, la corbata adquirió un carácter simbólico a través del color, los nudos y los tejidos. Puede verse como un uniforme, un signo de distinción o un elemento de seducción.

Durante el siglo XVIII, los lazos azules y amarillos eran el símbolo de nobleza y de poder, a mediados del siglo XIX los revolucionarios llevaban la corbata roja, los anárquicos, la negra y los clericales usaban una amarilla. Lord Brummel, el árbitro de la elegancia, que necesitaba un par de ayudantes para anudar sus corbatas, dijo de forma categórica  “La corbata es el hombre”.

Hoy en día, la corbata, también habla de quién eres o de quién quieres ser, el entorno en el que te relacionas o el trabajo que realizas, además de permitirte dar colorido a tu vestuario más formal.