En Occidente las principales maneras de saludar son el apretón de manos, el abrazo, el beso o besos en las mejillas y el besamanos, poco utilizado actualmente, no así en el ámbito oficial donde suele ser más común.

La forma en la que saludamos también transmite a nuestro interlocutor, cómo nos sentimos o el grado de autoestima que tenemos.

Saludar no siempre es un gesto que se materializa con un apretón de manos. A veces basta con una frase de cortesía o con un saludo verbal: “buenos días”, “buenas tardes”, o con expresiones como: “hola”, “hasta luego” o “adiós”.

Dado los fuertes componentes gestuales que lleva implícito el hecho de saludar, la sonrisa y la mirada son factores claves para que la acción sea cortés y exitosa. La sonrisa, salvo que se tenga que dar el pésame o sea situación de duelo (aunque a veces una leve sonrisa puede dar fortaleza al alma de la otra persona), es un elemento básico de las reglas de cortesía y educación y ha de usarse en todos los saludos.
También la mirada a los ojos se considera imprescindible. Mirar a los ojos del interlocutor fijando la vista unos segundos, y con una expresión que demuestre una sensación de amistad es otro factor a controlar, porque los ojos transmiten parte de nuestros sentimientos, así como pequeños matices.

No se debe mirar nunca a una tercera persona mientras estamos saludando, y en el caso de llevar gafas de sol, habrá que quitárselas (es una falta de consideración no dejar a nuestro interlocutor que nos vea los ojos).

Estrechar las manos es el gesto que más se utiliza para saludar en Occidente. La higiene de las manos, textura, presión que se ejerce en el choque de las manos o duración del saludo, son aspectos transmisores de gran información.

Por regla general el apretón de manos no tiene que ser, ni fuerte, ni débil, aunque cuanto mayor sea la intensidad, mayor es el deseo de dominio y control de la situación. Si el apretón es corto connota desinterés, y al contrario, si es largo transmite la idea de ilusión y alegría. Esta forma de saludo tiene que ser breve y firme.

Un apretón de manos fuerte significa sinceridad y seguridad en uno mismo. En cambio, estrechar la mano débilmente connota carácter de fragilidad, sumisión o inferioridad. La palma de la mano ofrecida de forma horizontal y hacia abajo obliga a tomar una postura sumisa, en cambio y de carácter débil es hacerlo con la palma hacia arriba.

Para realizar un saludo efusivo se utilizan ambas manos. De esta manera se refuerza la afectuosidad y confianza. Ocurre lo mismo si cogemos el antebrazo de la persona a la vez que estrechamos la mano (también si la abrazamos).

Cuando la mano izquierda no se utiliza para reforzar el saludo hay que dejarla caer con naturalidad y nunca introducirla en el bolsillo de la chaqueta o pantalón. Si se está fumando, el cigarrillo se deja en el cenicero o se apaga, que es la fórmula más correcta. Mantener el cigarrillo en los labios o cambiarlo de mano es incorrecto.

El abrazo es la forma más efusiva de saludar y a veces está acompañada del beso. Se suele dar entre personas que normalmente se besarían si no se han visto durante un largo periodo de tiempo. Para dar un pésame, una felicitación o si hay una ocasión especial también se utiliza el abrazo (en mujeres es menos común este tipo de saludo).

El beso en la mejilla suele darse entre familiares, personas que se conocen con anterioridad o con las que nos unen un cierto grado de confianza. Es la forma de saludar más afectuosa que existe y ha de darse de manera natural. Tiene que ser silencioso y seco. Una de las reglas esenciales es que no se debe besar a alguien, que le ha sido presentado por primera vez.

Autora: Lola García, Directora de la Escuela de Profesionales, Expertos y Autores