Un traje mal cosido, ya sea hecho a medida o en confección industrial, se arruga en lugares donde no debería hacerlo y no te permitirá lucirlo con elegancia.

Una forma rápida de detectar un traje mal hecho es mirar las mangas y las solapas. La parte superior de la manga donde se encuentra con el hombro se llama la corona o copa. Una corona bien hecha se asentará perfectamente sobre la parte superior de la manga y estará generosamente redondeada, mientras que en un traje mal confeccionado,  las copas tienden a ser algo chatas y sin vida.

La terminación de las solapas también puede ser delatadora, cuando tiende a solapa arrugadacurvarse hacia arriba. A menudo se ven fruncidas y arrugadas, como si se hubieran encogido con el lavado. Cualquier traje bien confeccionado tendrá las solapas planas y niveladas, con una ligera tendencia a curvarse hacia adentro.

Al tacto, un buen traje, independientemente de su precio, tiene que estar suave pero tener consistencia. Comprime sobre tu mano las solapas o los delanteros de la americana y suéltalos de golpe, automáticamente deberían de volver a su estado original,  siempre que  las entretelas interiores sean de calidad.

Analiza si las costuras: Largas, centro de espalda, del codo en las mangas, del exterior e interior de los costados del pantalón, no tengan ningún tipo de rizo o fruncido. Generalmente, si no están cosidas con maquinas de «Cadeneta», estas tiende a encoger. Si están en el establecimiento en este estado, a los meses de usarlo, será más crítico aún.

La chaqueta debe permitir ver parte del cuello de la camisa. No debe taparlo, ni mostrarlo completo, ni cuando esté abierta, ni abotonada. Debe mantenerse en su posición cuando caminemos o cuando nos sentemos y estar en contacto permanente con la camisa y sin abrirse ni por delante ni por detrás.

Un pantalón excesivamente grande o estrecho tampoco te garantizará, ni comodidad, ni duración prolongada en el uso, al margen claro está del efecto estético.

Si te has hecho un traje a medida y lo sientes muy ceñido, no lo aceptes. Pídele a tu sastre que te lo ajuste para ti, y que lo siga ajustando hasta que lo sientas confortable.